Ser progresista, ser emprendedora y ser sensible parecen muchas aristas para una sola mujer. Sin embargo, María del Carmen de la Fuente reúne todo eso y más desde hace 22 años en Allpa, la empresa que fundó con un grupo de amigos sociólogos y antropólogos de la PUCP.
"Solo iba a estar a cargo por un año, para después volver a mis cerros, y mírame...", reclama entre risas. Empezó a los 38 años, cuando muchas ya tienen carrera, esposo y futuro asegurado. Llevaba buen tiempo trabajando con una ONG, pero para generar verdaderos cambios se necesitaba algo más que asistencialismo. "Era necesario crear una herramienta de comercialización para ayudarlos a colocar sus productos en el mercado", recuerda.
Desde el inicio, en 1986, el mercado estaba afuera. Era la época más álgida del terrorismo y la hiperinflación, cuando el turismo extranjero no llegaba al Perú y los viajes a provincias eran peligrosos. "Pero hubo algo positivo en ello, pues el aislamiento permitió que los artesanos del Cusco y Puno vieran más allá de los souvenirs e hicieran los diseños de calidad que les pedíamos", sostiene De la Fuente.
En esas épocas, los puristas acusaron a Allpa de ir contra la tradición. María del Carmen responde que el mercado es tan amplio que hay lugar para los coleccionistas y los museos, que pueden pagar 100 dólares por una tela de 20 por 20, así como para el consumo más masivo. "Con grandes pedidos damos trabajo a miles de artesanos y los capitalizamos", señala.
Cuando la violencia terminó, en los años 90, los extranjeros volvieron al país. Y Allpa se quedó sin artesanos porque en el Cusco y Puno la demanda local crecía. Buscaron gente en Piura, Lima, Tingo María, Huancavelica y Ayacucho, donde tomaron joyas, cerámicas y tejidos más exquisitos. "Era empezar de cero: otra vez había que convencerlos de usar tecnología y de adecuarse a los pedidos del exterior".
Por ejemplo, en Chulucanas introdujeron tornos, para que la producción diaria pasara de 20 a 200 piezas. Mientras tanto, las ferias en el exterior (Fráncfort, Las Vegas, París, entre otras) eran más frecuentes y demandantes. Las consecuencias familiares (un divorcio y los engreimientos de madre culposa) ahora son cosas del pasado.
Actualmente, Allpa da trabajo a 2 mil artesanos de 120 talleres en la costa, sierra y selva. Además, tiene una planilla de 26 personas en Lima y 2 en Chulucanas, de donde provienen los productos estrella de Allpa. Tienen una cartera de 40 clientes, de los cuales 10 son de EE.UU. y el resto de Europa y Australia.
Aunque el crecimiento del 2007 les permitirá mudarse a una nueva oficina en La Perla (Callao), luego de una facturación aproximada de US$4 millones, hay incertidumbre por la reciente crisis económica en EE.UU. "Pese a todo, la percepción del Perú en el exterior sigue mejorando y seguimos buscando mercados", agrega.
Por: Mayra Castillo
Fuente: Emprendedores Peru

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